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Dekar
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Dejando Kirigakure ~ Entrenamiento de Resistencia

el Lun Sep 03, 2012 9:01 pm
Desde el pequeño puerto portuario donde llegara hace un par de semanas Naraku se disponía a volver a su verdadera aldea, una pequeña aldea ninja que había instalado en el país del demonio. Por diversos motivos había tenido que volver al país del agua, pues había completado algunas misiones cuyo dinero le ayudarían a completar unos planes pendientes. Sin embargo ya era hora de volver a casa. Aunque durante sus aventuras en el país del demonio la Araña de Kirigakure había cambiado, o mejor dicho alterado sus planes, habían cosas que debía mantener en camino, una de esas era alzar la aldea oculta entre los pensamientos, una aldea que junto a su compañero Arthur habían ocultado en lo más altor de una montaña en el país del demonio, esta originalmente era unas cuadras tomadas desde la mismísima Kirigakure gracias a un jutsu prohibido ejecutado por un Mizukage que luego fue manipulada por Naraku. El dia era bastante
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soleado solo un par de nubes vagaban como forasteros en ese enorme cielo azulado, se podían ver bandadas de aves, principalmente gaviotas, llegando hasta el país del agua, estaba claro que el invierno quedaba atrás y la primavera asomaba su rostro en las frias tierras del país natal de Aburame vestido de babuino blanco. Podía verse varias parejas de enamorados y algunas de la tercera edad paseando incluso a esas horas por las calles, aunque era una ciudad portuaria con mucho movimiento durante las horas punta, en las mañanas la gente solía protegerse del frió invernal postergando la apertura de sus locales o cualquier movimiento fuera de sus casas. Pero no en primavera. Era sin dudas la fecha favorita de los habitantes de ese país, aunque Naraku se excluía de dicho grupo, aunque le agradaba ver como los pueblos, incluido el que ahora visitaba, florecían como un brote que ha aguantado todo el crudo invierno y se abre ante los primeros
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rayos de sol primaveral y aunque el prefería el otoño debía admitir que ese efecto le era agradable por lo que pondría a la primavera como su segunda estación favorita. Naraku saludo a una pareja que miro al hombre con traje de mono blanco con un gesto, le encantaba hacer eso, y se dirigió hasta el muelle dejando atrás la zona comercial de la ciudad que incluso a esas horas ya empezaban a abrir. Los ojos de un hombre se posaron sobre él, pudo sentirlo, pero no parecía que tuviera malas intenciones, el sannin le dirigió una furtiva mirada para ver a un locatario a quien ayudara durante una misión en el pasado. Naraku le devolvió el saludo con un gesto y prosiguió su rumbo, lo cortes no quitaba lo valiente o por lo menos eso decía el viejo proverbio. Una vez en el puerto pudo fijarse que el tablero de recorridos había variado, era ese el motivo por el cual había preferido ir con tiempo, la exactitud de los recorridos náuticos no era tan precisa
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como uno hubiese esperado y sus treinta minutos de anticipación se habían transformado en una hora de espera, el recorrido a la isla del demonio estaba retrasado treinta minutos según lo que decía el cartel. Aunque estuvo tentado de sentarse a estudiar esa hora que le había caido del cielo tenia en cuenta que había dejado su entrenamiento de resistencia a medio camino, le pareció el momento indicado para retomarlo, una hora no seria suficiente pero por otro lado peor era nada, sería un buen punto de partida que quizás podría retomar durante su viaje en barco, pues ya había encontrado formas de entrenar resistencia mientras se estaba en un navío, cuando se vive en una isla hay que ser ingenioso a la hora de aprovechar el tiempo en alta mar. Pero con una sola hora a su disposición estaba limitado, lo mejor sería hacer algo sencillo, un entrenamiento de campo, algo que le parecía bastante lejano pues no lo hacía desde sus días en
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la academia ninja. Lo primero fue hacer unos ejercicios de estiramiento, y luego de un momento a otro Naraku corrió a un setenta por ciento de su velocidad total para salir de la aldea e internarse en el bosque del norte del país del agua. Correr de por si era un gran entrenamiento cuando de mejorar resistencia se trataba, pero el hacerlo en un ambiente lleno de obstáculos como lo era un bosque era bastante más complejo. Naraku que estaba acostumbrado a actuar desde las sombras, por sorpresa y a base de artimañas y uno que otro ninjutsu había descuidado seriamente estos entrenamientos básicos, su resistencia había decaído con el tiempo y aunque estaba al tanto de eso le era difícil hacerse el tiempo para entrenar ese tipo de cosas, siempre se había visto como un intelectual y eran las esas fortalezas a las que dedicaba más tiempo, pero sabía que como ninja debía estar listo para todo y el mejorar su resistencia, velocidad y fuerza no
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eran puntos que podía solo dejar de lado, debía darse el tiempo para mejorarlos o cuando llegara el momento de necesitarlos se arrepentiría por ello. Entrar en el bosque no fue tanto problema pues la zona aledaña a la ciudad no era muy espesa, pero se dio cuenta que al adentrarse en su espesura tuvo que ir bajando su velocidad máxima, llegando incluso a solo un cincuenta por ciento de su máximo. << He descuidado seriamente este ámbito, resistencia... velocidad... destreza... me he vuelto en un shinobi unidimensional... esto no me agrada en lo absoluto. >> Haciendo gala de su manejo de chakra empezó a moverse utilizando una variantes especializada de caminar sobre los arboles, juntando chakra suficiente para mantenerse por un segundo e impulsarse, con esto buscaba incrementar la dificultad de su entrenamiento, calculaba había logrado incrementar su velocidad, incluso gracias a esa técnica, en un sesenta por ciento, solo
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un triste sesenta por ciento. Naraku no estaba muy complacido con su desempeño, debía dedicarse en serio a ese entrenamiento.


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Re: Dejando Kirigakure ~ Entrenamiento de Resistencia

el Lun Sep 03, 2012 9:02 pm
En aquellos momentos estuvo enojado consigo mismo, sin embargo también sabía que eso era un entrenamiento, no era importante el obtener un resultado excelente en ello pues sabía no seria asi, su resistencia al igual que su velocidad estaban dejadas, entre sus entrenamientos intelectuales y sus planes las había sacrificado por el bien mayor, y ahi estaba el resultado de dicha decisión. Pero aún no daba por perdida esa batalla, al contrario, en aquel momento no era importante el tener su máxima velocidad, había una pieza clave en dicho entrenamiento, el cansancio, después de todo no quería incrementar su destreza o velocidad, por lo menos no en ese momento, su objetivo principal y el más cercano era el mejorar su vigor, que de cierta manera afectaba el desempeño general de un shinobi. Gracias a su gran control de chakra no necesitaba grandes reservas de energía llegado el minuto de actuar, sin embargo, en aquellos
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momentos tendría una seria desventaja en una pelea a gran escala o demasiado larga en la que se viera obligado a actuar de manera frontal. No le agradaba para nada tener ese talón de Aquiles, aunque lograra operarse eso no cambiaría solo con ADN, necesitaba mejorar su resistencia el mismo, con esto afectaría su desempeño general que ya era bueno, con una buena resistencia seria imparable. Miro la posición del sol y las dos nubes que surcaban el cielo, sus cálculos que no solían fallar le decían que habían pasado alrededor de veinte minutos, tenía tiempo mas no podía seguir en una sola dirección pues se alejaría demasiado del puerto. Dio un giro en cuarenta y cinco grados, a medida que avanzara incrementaría la angulación para lograr al minuto cincuenta desde su salida terminar en la aldea de donde había salido. No le preocupaba mucho el barco en aquellos momentos, si se atrasaba siempre podría ir por las copas de los
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arboles a su máxima velocidad para alcanzarlo, sin tener que moverse entre las ramas no le seria dificil llegar justo a tiempo para su partida al país del demonio, pero en los minutos que le quedaban quería enfocarse en un cien por ciento en su entrenamiento. Podía sentir su pecho agitarse más de lo que debería, no solo era el cansancio del entrenamiento, habían pasado muchas cosas desde que dejara el país del demonio y varias dudas habían dejado sus semillas en la mente del lider del clan Aburame de Kirigakure, el factor psicológico de sus aventuras le estaba afectando y hasta que no acabara por completo su plan inicial, que esperaba demorara poco tiempo, no podría sacarse del todo ese sentimiento, ese pesar. Pese al poco tiempo podía sentir que había progresado, llevaba cuarenta minutos y no estaba tan cansado como hubiese predicho, ademas su velocidad entre arboles que iniciara alrededor de un cincuenta por ciento, ya iba sobre
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el setenta por ciento. Tal y como lo había pensado todo era cosa de dedicación, entrenamiento y trabajo duro. Los bosques de Kirigakure siempre le habían parecido apacibles, la gran humedad del ambiente hacia que la flora en general alcanzara grandes tamaños, los arboles que ahora esquivaba en su mayoría debían tener más de un metro de diámetro, y los más grandes por lo menos un metro y medio, aunque con dicho tamaño se pensaría que seria fácil viajar a través de ellos las extrañas ramas que tenían (que mas bien parecían troncos de árboles normales) iban en todas direcciones, hacia arriba y abajo, izquierda y derecha como garras tratando de atrapas a sus presas, por esa razón al bosque del norte muchos lo llamaban como el bosque encantado, o el bosque con alma. Aunque los cuentos eran muchos no sabía de nadie que hubiese tenido algún percance por ellos, las ramas molestas se habían podado en los caminos por lo que el transito
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para la gente y habitantes del norte del país del agua era mas bien tranquilo, por otro lado era un ambiente ideal para que los shinobis practicaran muchas cosas aprovechando ese paraje con dificultades de movimiento naturales. Naraku por fin logro divisar el pueblo donde había partido cuando quedaban diez minutos para la llegada de su barco, tal cual había calculado el ninja del traje de babuino blanco estaría cinco minutos exactos antes de la hora que el cartel había dispuesto. Al parecer su entrenamiento se acercaba a su fin, aunque no del todo, de seguro se le ocurriría algo para continuarlo en alta mar mientras viajaba de regreso al país de demonio, pero de momento lo mejor era verificar que la información que había le dio fuese la correcta y que todo lo dispuesto para su viaje estuviera en orden. El sannin se apresuró hasta la aldea, siendo el muelle su destino. No le basto mucho esfuerzo el averiguar si la información era fidedigna, al
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entrar al pueblo pudo ver el barco que ya conocía encallando en el muelle del país del agua, de seguro primero bajaría la gente que venia del país del demonio, luego habría un leve chequeo entre el capitán y el encargado de puerto para que al final los pasajeros que tenían el pasaje, como Naraku, abordaran rumbo a su nuevo destino. El trayecto entre ambos países solo se daba un par de veces al día, en la mañana y en la tarde, era algo limitante pero suficiente. Naraku dio una última mirada al país del agua, quizás pasaría un tiempo para que su camino lo trajera por ese rumbo, aunque sus parajes siempre tendrían un lugar en sus pensamientos, después de todo siempre sería su país natal, o por lo menos así lo creía. La gente empezó a descender, solo tres personas bajaron seguidos por un asistente de capitán quien llevo unos papeles al encargado tal y como esperaba. Naraku se acercó al bote y cuando llego el ayudante el Aburame le entrego su
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pasaje, este asintió dejándolo abordar, al parecer sería el único pasajero en ese trayecto, algo que no le molestaba en lo más mínimo. Naraku subió al bote y dejo atras las costas del país del agua.


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