Comparte
Ver el tema anteriorIr abajoVer el tema siguiente
avatar
DOGS
Chunnin
Chunnin
Mensajes : 96
Reputación : 3

Dias en la carcel - ENTRENAMIENTO-

el Mar Jul 17, 2012 2:23 pm

+3 EN RESISTENCIA

Solo para que el que revise entienda la trama, este entrenamiento (por así decirlo) lo hice cuando tenía 8 años y me encontraba en prisión. (Motivos del encierro en mi historia)




Apenas tres días llevaba encerrado en aquella fría y fuerte prisión de la niebla…. Tres días que me daban la sensación de un mes por cada unidad, pues pasaban lento, dándome un peso inmenso por cada segundo que el reloj con su infernal solido, marcaba en la pared del carcelero… y pensar que así tendría que soportar 10 años, esperando a que ese segundero sonara 5256000 veces más… patético verdad… había tenido en tres días el tiempo suficiente para contar cuantos segundos hay en diez años, lo que me había dado una respuesta tan inmensa y casi irreal, que era preferible dejar de escuchar aquel tictac infernal, pues sonaba demasiado lento, tanto que el solo contar 60 parecía una eternidad, pero este continuaba ahí, recordándome lo larga que sería mi condena, al retumbar sobre las 3 paredes que me rodeaban, penetrando por aquellos barrotes de acero, que no le oponían ninguna resistencia, como si aquel sonido formara parte de mi condena. Parecería que para el señor feudal, no le era suficiente el perder a mi hermano mayor y mi infancia… pues aquella tortura psicología en forma de ruido uniforme y constante parecía que no tener intenciones de declinar nunca… y posiblemente nunca lo haría.

En lo largo de aquellos tres días, no había salido de aquella rustica y pequeña habitación, ni siquiera para probar alimento, pues lo único que en aquel pedazo de infierno podría protegerme eran aquellos 22 barrotes alineados a una distancia de 5cm entre cada uno de ellos, fuera de estos, sería como descender a un infierno más profundo… algo parecido a lo que Dante relato en la divina comedia… y la incertidumbre de lo que me podría pasar al entrar a este infierno era mayor que mi hambre… después de todo, no soy más que un estúpido niño tuerto de ocho años… que tanto podría defenderme en aquel mundo dominado por asesinos, antiguos ninjas, renegados y violadores… ni siquiera seria capas de cuidar bien mi lado derecho por la ausencia de mi ojo de ese extremo, ni que decir de mi espalda, pues aun que mi velocidad era algo de lo que podía alardear, la posibilidad de ser noqueado por flancos en los que ni siquiera lo podría notar hacían que aquello valiera poco, o más bien nada, lo que no era un gran apoyo moral, haciendo preferible pasar hambre unos cuantos días que morir a golpes, después de todo, dentro de aquella prisión su suerte ya estaba echada.

El día tres comenzaba a llegar a su fin, y por desgracia en ese momento comprendí que aquel pequeño cuarto no me proporcionaba todo lo que necesitaba, pues aun que había logrado dominar mi hambre llenándome con aquella maloliente y sucia agua que corría por el grifo de mi celda durante aquellos tres largos días, pero mi cuerpo comenzaba a exigir algo mas solido… y digo más, pues aquella asquerosa agua poco le faltaba para ser gelatinosa, debido a su tan decadente estado. Debido a las exigencias de su templo físico, el correr el riesgo de salir por el penal, comenzaba a verse como una opción, después de todo, si su destino era morir, al menos tendría que intentar sobrevivir, aun que eso significara arriesgar mi vida, con aquellas bestias, después de todo, la cárcel y el gueto no parecían ser lugares tan diferentes a mis oídos… en esos tres infernales días, solo había escuchado una pelea y de ahí solo algunos insultos y gritos estúpidos, lo que probablemente le convertía en un lugar más tranquilo que su vecindario, solo hacía falta aprender a caminar y andar en él y seguramente todo pasaría rápido, los demás reos se acostumbrarían a mí y tal vez y con suerte, en un par de semanas, me encontraría en la mesa de algún CREW [Grupo o banda] compartiendo el pan y hablando de estupideces… lo que era un pensamiento tan lido, que era obvio que era irreal.

A paso lento y con inseguridad, comencé a quitar el seguro de mi celda… aun estaba a tiempo de arrepentirme, después de todo una vez que le retirara aquel simple redondo de metal, la reja se abriría y no habría vuelta a tras, solo un futuro incierto y seguramente doloroso… por lo que se entenderá, que la prisa porque aquel barrote fuera retirado, no era exactamente mucha. Cuando la manecilla había llegado ya a la mitad de su recorrido, un par de reclusos pasaban frente a mi celda, con sus cuerpos llenos de tatuajes y heridas recientes, los cuales con sus cabezas rapadas y ojos penetrantes, me observaron con un semblante que reflejaba odio y para ellos mismos susurraron
"Al parecer el nuevo ya tiene hambre... alfin comeran los perros"Independientemente de su percha, las cuales no eran muy diferentes a las de mi hermano mayor o las de mi padre, o las de cualquier otro conocido del gueto, sus palabras me asustaron a más no poder, pues era prácticamente confirmaban sus temores, pero por desgracia el hambre ya era demasiada, y aquel tictac, solo me recordaba, todas las horas que llevaba sin probar alimento y el tiempo que continuaría pasando, por lo que ya advertido, no tuve otra opción, mas que abrir mi celda, y dar el primer paso fuera de ella… paso que fue tan importante e inseguro como el paso lunar legendario… pues era solo un pequeño paso para un niño, pero era un gran paso, para comenzar a conocer el ecosistema al que ahora pertenecía por mis propios errores, errores de un niño de 8 años.

Mis pasos lentos eh inseguros comenzaron a abrirse paso por aquellos, oscuros, sucios y rayados pasillos, en los que por mi propia seguridad comenzaron a cuadrarse un poco más, pues sería un error darles a ver mi miedo y debilidad a los demás reos, pues eso solo sería ponerme más en la plancha, de lo que claramente ya estaba por mi corta edad y mi delgado cuerpo. Delgado cuerpo que como si se tratara de una modelo en pasarela, comenzaba a atraer las miradas de todos los reos, algunos pederastas tenían las miradas mas atemorizantes, las cuales contrastaban con las de los viejos, que miraban con duda y lastima, seguramente preguntándose qué haría un niño tan pequeño para encontrarse en aquel manicomio infernal, el cual había dejado su mella incluso en los ancianos con percha de más duros, pues sus cuerpos estaban totalmente maltratados y sus ojos reflejaban tristeza… -Pobre de aquel que carezca de sentido del humor en los caminos de Satanás- aquellas palabras brotaron de mi boca provocando una estúpida sonrisa, que no se borraría nuevamente de mi cara, pues esas palabras, habían sido en su momento, la frase distintiva de mi padre, el cual, siempre tenía una sonrisa estúpida en su cara, por la cual más de una vez le habían llamado, loco o psicópata… pero en aquel momento lo entendí, mirándome a mí mismo en lo más profundo del infierno en la tierra, notaba lo irónico de la vida, en la que de la noche a la mañana, había perdido mi libertad y me encontraba en un lugar donde mi vida valía lo mismo que una cajetilla de cigarros o un momento de placer… ¿divertido verdad? Todas aquellas personas alrededor mío, reflejaban la verdadera cara de la humanidad… después de todo, bien se dice que si deseas conocer de que esta echa una agua, tienes que revisar el fondo de la jarra… y si la prisión no podría considerarse el fondo de la sociedad, no sabría que mas podría serlo, pues incluso se encontraba hasta la cima de la construcción una imagen del buda, la cual era ignorada por todos… pues obviamente aquel agujero sin dios, era ignorado también por él, ¿lindo lugar no?.

Mis pasos tras una corta caminata, ya me habían llevado hasta el comedor común, en el cual había entrado sin levantar la más mínima tención u atracción a los reos, pues estos simplemente me habían ignorado, desmintiendo mis pensamientos sobre la cárcel exterior, por lo que con mi sonrisa y aun alerta me acerque a la barra donde un hombre bastante feo e insalubre, me entregaba una charola con comida con mal pinta, pero hasta cierto punto era mejor que la de mi vida en el mundo exterior… después de todo a diferencia que dentro de mi casa, aquí parecería que tendría una comida diaria o incluso con suerte tal vez tres, sin necesidad de tener que robarla o arriesgar mi vida por ella, por lo que a esas alturas estar en prisión parecía lo mejor que me había pasado en la vida, en una vida donde apostar la vida, era el precio justo para conseguir comida y con mi hermano, descubrí que no siempre se ganaba. Por desgracia esa tranquilidad y buen sueño comenzaba a desaparecer, cuando lo que parecía ser una pequeña banda o grupo descendía por las escaleras opuestas al pasillo por el que yo había llegado, y aun que desconocía su nombre procedencia o fama, era simple adivinar esta última, considerando que la mayoría de aquellos reclusos que se encontraban en mi compañía en aquel comedor se retiraban… convirtiéndose en no seguirlos mi primer error de novato… y el ultimo.

Ignorándolos decidí tomar asiento, posiblemente cegado por la anterior paz aparente del lugar y por el infantil pensamiento, del que nada debe nada teme… pero por desgracia, uno de aquellos finos caballeros me regresaba a la realidad, pues dando un brinco sobre mi mesa me observo directamente a loso ojos, como si tratara de fulminarme con su mirada y en un grito un tanto aberrante declaro. “¡Aquí tenemos a un niño! Y uno muy valiente para quedarse frente a los DARKROCK… hijo, espero que seas un genio del combate, porque si no a partir de hoy comenzaras a usar falda.” ¿Falda, entonces pensaban violarme? Esa fue la primera idea que paso por mi mente, por lo que apretando el cuchillo con el que comía, observaba a aquel vago frente mi, esperándole para defenderme, esfuerzo que había sido en vano, pues desde atrás de mi uno de aquellos reclusos, este de color oscuro, me arrojaría tomándome por uno de mis brazos hasta la pared, de la cual posiblemente habría atravesado si mi cuerpo fuera más duro… un golpe bastante duro para un niño… al cual seguramente sobreviví sin ningún hueso roto, debido a mi linaje YOTSUKI, pero por desgracia este no me podría salvar para siempre…

“Mírenlo… no murió… este es bastante rudo.” Decía aquel hombre que me había dirigido la palabra en un principio, al parecer se quería un maestro de ceremonias o algo similar de aquella rotunda paliza que estaban a punto de darme, de la cual como única defensa era aquel cuchillito el cual apretaba con mi mano derecha con la poca fuerza que tenia, después de aquel azoté y tres días de ayuno, pero por desgracia aquel pequeño fierro, en vez de causarles temor les causaba gracia, pues era obvio para cualquier persona, que incluso aunque contara con una catana, no tendría posibilidades de defenderme o sobrevivir de aquella odisea. “Mírenlo… aun no entiende el niño… enséñenle.” Una carcajada broto de mi cara, la cual no había perdido su sonrisa, la cual ellos simplemente ignoraron e imitaron, mientras comenzaban a golpearme con sus piernas con una fuerza brutal, pero no la suficiente para matarme, como si quisieran que esto durara, pero esa demostración gourmet de patadas se detuvo cuando el miembro de más baja estatura de aquel infernal grupo se acercaba a mí con un tubo de acero sobre su hombro, el cual me observaba a el estomago y tras escupir un gargajo sobre mi pecho y esperar a que sus compañeros le abrieran espacio, comenzó a golpearme con este con toda sus fuerzas, creando un sonido de impacto que seguramente se podrían escuchar hasta las celdas cercanas… pero ningún grito, pues incluso tras 20 de aquellos poderosos impactos que habían logrado romperme los labio y 4 costillas, aquella sonrisa heredada en esa frase de mi padre seguía en mi rostro y aquel cuchillo de comida en mis manos, solo quedaba esperar a que alguno de ellos se acercara lo suficiente para usarlo… o morir esperando.

-Idiotas…-
susurre aquellas palabras mientras les observaba extrañados, pues cualquiera ya abría gritado por su vida… pero yo… aquel niño delgado y débil no, siendo este el momento perfecto para hacerles una broma sobre su hombría la cual me callaba por el simple hecho de no enfurecerles mas… después de todo si planeaban matarme lo mejor sería que fuera de un modo rápido.

El hombre negro que me había atacado desde un principio arrojándome a la pared, se había mantenido alejado de aquella tortura, hasta que me escucho insultar a sus compañeros, lo que probablemente le había hecho enfadar, pues acercándose a mi cuerpo votado al suelo trono su cuello y en un tono tranquilo, como el que hace una buena acción me dijo. “Veo que este es muy hombrecito… me enorgullece que seas de KIRIGAKURE, chicos como tú ya no nacen… pero tuviste la mala suerte de caer en mi prisión hijo.” Tras decir eso, comenzó a quitar sus pantalones en presencia de todo el grupo, dejando ver su enorme miembro sexual erecto, lo que significaba algo obvio… y extrañamente bueno, pues si aquel orangután trataba de violarme tendría forzosamente que acercarse a mí, y eso era lo que llevaba esperando cuatro fracturas antes. “Niño… si aun mantienes esa sonrisa es porque te gustara lo que viene.” –Me encantara señor negro…- dije lo anterior afirmando las palabras de aquel rufián, el cual contestando mi sonrisa con una carcajada se acerco a mi rostro, besándome seguro de sí mismo… pobre iluso… una sonrisa tan simple le había convencido de mi falsa homosexualidad… y respondiéndole aquel asqueroso beso, reuní las pocas fuerzas restantes que quedaban en mi cuerpo, para ensartarle rápidamente aquel cuchillo en la sien… un movimiento que nadie había imaginado… seguramente ningún movimiento habrían imaginado de mi después de esa golpiza… pero ahora frente a ellos, caía el cuerpo erecto y sin vida, sobre mi cuerpo, lo que provocaba miradas atónitas en sus ojos.

“El mato a ROCK” exclamado lo anterior uno de aquellos reclusos, mientras le observaba descansar sobre mí, para después escucharse un silencio incomodo, el cual fue roto por la carcajada de un niño que acababa de cometer su primer asesinato… siendo este su bienvenida al mundo real, de una vida violenta y homicida que le esperaría durante todos los cortos años de su vida… pero olvidándonos del futuro, obviamente mi carcajada fue silenciada por otra golpiza, de aquellos reos, los cuales esta vez con un motivo e ira comenzaron a golpearme nuevamente esta vez sin guardarse nada.

Me gustaría seguir narrándoles… pero por desgracia mi conciencia se perdió, a punta de golpes, mas mi sonrisa continuaba ahí al despertar, mas no mi salud ni mi libertad con ella, pues mi brazo derecho estaba roto en tres partes, todas mis costillas en idénticas condiciones y ambas piernas rotas en cinco pedazos… aparte de una fractura craneal… un milagro mi sobrevivencia, la cual se conservo al mandarme a una celda especial, la cual estaba llena de cojines, las cuales estaban reservadas para aislar a los más violentos y en este caso, para ser mi celda… completamente aislado y así protegido.




White & Red Team ♥️:






Ver el tema anteriorVolver arribaVer el tema siguiente
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.